mayo 11, 2017

La Ausencia de luz no es Malicia

Soy un aventurero, está en mi naturaleza; no puedo ocultarlo y mucho menos negarlo. Pero admito que me he dejado dominar por mis miedos, esos pequeños demonios que nos controlan desde el interior. Que han sido creados sólo para mostrar que puede haber presencia de luz. No puedo eliminarlos, en momentos de soledad, donde lo único que tengo es melancolía y tristeza, ahí están, consolándome con pensamientos antiguos de momentos dolorosos o torpes. Es mi instinto de supervivencia que entra en escena, para despertarme, motivarme. Hacer que me levante, que me sacuda un poco el alma junto con el corazón y siga avanzando.

En ciertos momentos te llevan a decisiones complicadas y hasta descabelladas, pero es parte de su enseñanza. En mi opinión no hay mejor maestro que nos de tanta sabiduría como esos momentos agrios y crueles. Por eso hay gente que grita y fomenta que su vida ha tenido más tragedias que comedias. Pero si lo meditamos un poco, la vida es un constante crecimiento; desde el primer momento en que somos concebidos aprendemos fugaz y casi inconscientemente que debemos correr hasta nuestro destino donde con un poco de perseverancia logramos entrar primeros en lo que será nuestro hogar por aproximadamente 9 meses. Y luego vemos esa famosa “Luz brillante al fondo de un túnel”, y nacemos, llegamos por casi magia a este mundo, cruel y violento, pero que a pesar de eso hace posible que se logren estos pequeños milagros que van creciendo en número diariamente. Desde entonces comienza nuestra lucha constante y muy mental en aprender cosas básicas como caminar o hablar, luego de dominar eso, no habrá descanso alguno de nuestro aprendizaje. Llega como un momento excitante y que apreciamos que nada es imposible.

Al crecer poco a poco y con mayor velocidad la vida de nuevo se vuelve más consciente a como se ha escrito, hablado, compuesto y pintado, durante muchos años atrás. Entonces se comienzan a desarrollar con más fuerza nuestros demonios, poco a poco la oscuridad del universo nos va opacando y nos va mostrando de una manera más cruda como se mueve el mundo y como nuestra propia especie, a costa de la evolución, ha convertido este lugar más en una extensión vulgar, cruel y sin sentido de nuestra mente. Dejando a un lado lo que dominaba en el principio de su creación. El espíritu, el alma, la vida en su forma más pura.

Entonces da inicio a la parte más tortuosa de esta vida. Hemos crecido y aprendido de que a veces hay que desistir, que hay que dejar a un lado nuestros sueños “por el bien de los demás” para que no terminemos estando solos, y esa palabra en su composición más pura, “Soledad”, activa un instinto de alarma en nosotros, en nuestro ser. Algo muy importante para nosotros que llevamos desde lo primitivo de nuestra evolución. Quedarse solo, es representado como horrible, triste y casi mortal; estando en un escenario de extensa tierra y bestias, en constante lucha por la supervivencia. Estar solo, no era una opción aceptada. Creo que por esa razón poco a poco el avance tecnológico va de la mano con la interacción social más pública. Vivimos en una constante contradicción, en donde nuestros sueños se proclaman por encima de nuestros entornos sociales y provoca un conflicto de conciencia que al final nos desactiva de cualquier emoción.

Y de nuevo repito, soy aventurero, hasta al comenzar a escribir comienza una aventura de la cual se me hace difícil no aferrarme a ella. Iniciar una aventura es igual que nacer, pero esta vez estás consiente de que elegiste esto voluntariamente, y no solo llegaste al mundo con apenas un par de recuerdos en la memoria. Te adentras a un mundo nuevo, desconocido, dominado por el miedo. Pero eso mismo usas de impulso para seguir, solo por el placer de descubrir nuevas cosas, nuevos lugares, personas, pasiones, objetos, hábitos. Nuevas maravillas.

Te dejas llevar por un excitante viaje. Abres los ojos tal y como hiciste al nacer, ojos llenos de impresión, que derraman lágrimas de no poder tenerlos más abiertos y por más tiempo. Y curiosamente miras más hacia arriba, contemplas un poco más el universo a tu alrededor. Te llenas con más suspiros, de esos que te regeneran un poco más las células que te componen. En ese momento, rodeado de tanta oscuridad, miedos y maldad no sientes tristeza. Estas en el mejor lugar para demostrar el brillo que ocultas tras tus ojos, y con toda sinceridad ante ustedes, vale la pena el riesgo. Ya que brillar en un mundo que busca constantemente opacar tu existencia y esclavizándote a objetos y vicios, es muy difícil. La tentación llega a ser más grande que el impulso que sientes por seguir tus sueños, te mantienen distraído todo el tiempo y en cuanto reaccionas y abres los ojos nuevamente, ya puede que sea muy tarde y no poseas la misma fuerza emocional o el mismo tiempo para realizar dicha aventura. Aférrate a tus sueños y a tus ideas, pero compártelas, ten eso muy presente. Comparte la aventura, acepta tener compañeros variados para tus aventuras, para tus ideas, para desarrollar mejor tu pasión. Formamos parte del mismo producto cósmico, provenimos de la misma manera. Sé líder si es necesario, individual solo cuando los demás no se atrevan a tomar decisiones por ellos mismos, pero no hagas a un lado la humanidad.

Crece, pero crece en conjunto tal y como hace un árbol en una selva. ¿Te imaginas que los arboles sean igual de conflictivos e individuales? ¿Cuán verde estaría nuestro mundo?

Piénsalo, te comparto un punto de vista de una perspectiva cósmica.

M. Alejandro Vilera

Roraima, Venezuela