agosto 15, 2017

Polvo de oro

Niña linda, de cabello de margarita, cuanto daño me haces con tu confusión y tus constantes choques cósmicos dentro de ti; me tienes mendigando en la locura, sabiendo que me aproximo hacia un risco, hacia mi perdición; mi fin. Pero lo que más me sorprende es que eso no me preocupa, no me detiene; no temo caer aunque tus alas que me pones sean de cristal quebradizo; aunque sepa yo, que voy hacia una muerte larga, lenta y hermosa.

Me tienes en una confusión muy extraña, sobre todo con tu mirada, es como una colisión constante de químicos que produce algo raro en tus ojos, cierta magia, cierto polvo de oro. Cuya magia me llena de torbellinos el el estómago y me aterciopela el corazón. Se que mi caída a tus pies en inevitable, pero cuan dulce será recorrer esa infinidad de piel hasta el descenso.

Quizá mi cuerpo caiga y se agriete al chocar contra la realidad, pero mi alma se quedará presa en un pequeño rincón de tus labios cada vez que los mordisquees al sonreír.


M. Alejandro Vilera


julio 15, 2017

El retrato de un joven

Este es el retrato de un joven. Un joven que ayer fue considerado niño y mañana será hombre. Un joven al que le han madurado las alas, los ojos, la voz. Un joven que ha roto el cascarón en el que te incuban por más de una década, en donde te forman, te educan y te guían de cierta manera a un destino que se verá incierto e iluso luego de salir de él.

Es el retrato de un joven que ha luchado contra sus ideales, que ha mantenido su pasión y su visión del mundo, aunque hayan intentado vociferar que era un mundo falso.
Este es un joven que renace.

Inicia un trayecto donde él tiene la posibilidad de controlar, de pintar, de llevarlo a donde sus sueños lo enfoquen. Él se siente temeroso, le tiembla el alma. Percibe el ataque de nerviosismo al verse frente a esta nueva etapa. Este nuevo camino donde su apoyo dependerá de sí mismo junto a quienes lo sigan. Dónde su única atadura será su conciencia y su perspectiva para apreciar lo que le rodea.

Este retrato no refleja el interior, lo oculta, lo clausura de todo aquél que intente arrebatárselo; que quiera quitarle la brillantez de sus ojos cuando sueña o la energía atómica cuando se emociona.

A este joven lo conozco bien, quizá no tanto; no porque no quiera, sino porque los jóvenes a como él en pleno renacimiento llevan más pura y cruda la libertad en su piel. Aunque intenten arrancársela este joven resistirá y se opondrá ante cualquier acto que atente contra su creencia, aunque él mismo salga herido.

Crecí con este joven, lo vi formarse, lo vi evolucionar paso a paso hasta convertirse en quien es hoy. También lo vi caer, lo vi desmoronarse y ahogarse en pensamientos. Inclinado hacía el “tiempo todo lo cura” dejando que su pena o su sentimiento que lo encara fluya solo y se desinfle por su habitación.

Mucho puedo decir de este joven, como para relatar un cuento que a los ojos de unos podría ser biográfico o fantástico; pero créanme lo disfrutarán.

Por mucho tiempo he escrito sobre lo que me rodea, lo que me afecta, lo que me enamora. Y ahora es justo escribir de quién llena de orgullo una pequeña casa familiar de sólo tres pilares. Aunque su presencia sea fugaz en ocasiones, no deja de marcar el alma de los demás mientras pasa. Es de esos jóvenes que pisan la tierra muerta e inmunda y le permiten florecer de nuevo, le devuelven la vida. Aunque él sepa o no lo místico de su alma hay que agradecerle por tener esa especie de “El toque de midas” que permite que otros renazcan entre sombras y se levanten junto a él para seguir en busca de sueños, llenándose de hazañas, llenándose de vida.

Gracias, hermano.

M. Alejandro Vilera


junio 21, 2017

Familia

Una palabra curiosa. No porque fuera compleja, extensa o impronunciable. Es curiosa por todo lo que abarca, lo que representa. Tras esta palabra hay emociones, hay épocas, hay sentimientos y pensamientos. Yo la considero una palabra Madre, con el sentido de que ahí se expanden los lazos, las conexiones. De ahí parte la vida y en ella se transcurre. Esa palabra te da cobijo, te da techo, te dan brazos. Te hace sentir dependiente, encadenado o sometido a su voluntad. Pero, te hace sentir parte de ella. Como parte de uno de entre varios pilares que le dan solidez y firmeza a la estructura.

Dejando a un lado lo reconfortante que la palabra puede brindarte, también posee el otro mundo con ausencia de luz. Esta palabra también se puede definir como cruel, fría y en algunos casos, hasta mortal. Por eso me parece curiosa, porque si la vez de frente se aprecia lo firme y cálida que es. Pero, balanceándose de un lado a otro buscando distintas perspectivas se pueden ver las facetas y componentes que lleva esta palabra tras de sí.
 
Puedes ver que absorbe de un lado todo tu ser sin que tú mismo siquiera lo notes; y a su vez puede tener intenciones de encapsularte entre cuatro rejas sólidas de concreto basándose en la teoría de que sus decisiones se basan en protección y cariño, que usualmente es cierto, pero siendo opacadas por el ego y la creencia limitada del personaje. Creencia en ti. En ellos. No lo saben.

Esta palabra también puede alejarte, tomar su distancia y no simpatizar por no mantenerte entre esa enredadera que te asfixia. Cruel, cómo ya lo había mencionado.

Pero ahí están, cada una de esas letras que conforman esa palabra. Están ahí, no se irán. Como estrellas o galaxias lejanas, brillan a la distancia, se mueven y pestañean, pero no se esfuman nunca del todo. Usualmente tenemos un poco de ellas entre nosotros.

Vemos esa palabra de dos maneras. De una cruel y de otra compasiva, teniendo la tonta idea de que puedes amurallarla con solo dos emociones para darle simpleza a algo tan complejo. Es una palabra variable, constante, relativa. Llena de una cantidad extensa de emociones. No la menosprecies ni la juzgues basándote en dos perspectivas pobres y sin profundidad. Es una palabra llena de matices, extensa y en constante expansión. 

Esta palabra te impulsa y te paraliza. Te atormenta y te da paz. Te destruye, te construye y siempre te reconstruye. No te vayas sin llevarte un poco de esta palabra en tus bolsillos, en tu maleta, en tu sombrero. Siémbrala a donde vayas y dale mucha atención, pero sin descuidar el roble fuerte del cual floreciste y caíste contra el suelo. Porque de él aprenderás más que de tu ego y tu instinto de libertad que te ciegan. 

Enigmática y fantástica por donde la veas, Familia es Familia.
M. Alejandro Vilera